El cuarto mes del bebé: cambios, cuidados y consejos

15 Nov, 2017 4:57 pm

El cuarto mes de tu bebé supone una importante etapa en su desarrollo. ¿Quieres conocer cómo evoluciona el peque en este periodo?

Durante estas semanas habrás notado ciertos cambios en tu bebé. No nos referimos a los evidentes, pues el peque cambia cada día, sino a su movilidad y pequeños logros cotidianos. A los cuatro meses, tu bebé pesará aproximadamente unos 6,5 kg de media y medirá unos 65 cm. Ya logra mantenerse con un ligero apoyo y puede levantar la cabeza y las piernas cuando está tumbado boca arriba. Boca abajo, mantiene las piernas tensas.
Intenta coger los objetos que se le enseñan y se divierte con su sonajero, balbucea con el sonido de tu voz y se ríe a carcajadas. Si lo llamas, probablemente veas cómo gira la cabeza

Las vacunas del cuarto mes del bebé

En el cuarto mes se pone la tercera inyección de la vacuna contra la Haemophilus influenzae, junto con una vacuna contra la difteria, el tétanos, la poliomielitis y la tos ferina, eventualmente la hepatitis B. La Haemophilus es la responsable de meningitis purulentas, artritis, neumopatías y otras infecciones difíciles de curar con antibióticos. También hay que ponerle la tercera inyección de la vacuna contra la tos ferina y el neumococo.

La alimentación del bebé

Lo ideal sería que el bebé continuase con la lactancia materna. Puedes hacerla exclusiva hasta los seis meses, aunque al finalizar el cuarto mes puedes comenzar a diversificar un poco su alimentación. Progresivamente, ve introduciendo sólo un elemento nuevo y en pequeña cantidad. Puedes empezar con frutas o cereales, por ejemplo.

Aún es pronto para pasar a la alimentación complementaria, pero puedes ir introduciéndole en ella.

El sueño del bebé de cuatro meses

A los cuatro meses, tu bebé ya no necesita comer a media noche, pero puede que esté acostumbrado a despertarse. La lactancia puede calmarle, pero si no se despierta por ninguna necesidad física, probablemente es que esté algo inquieto. Conviene tranquilizarle, pero sin alterarle. No juegues con él ni le animes, más bien susúrrale en voz baja, cántale, mécelo unos minutos entre tus brazos… En resumen: trata de crear un ambiente relajado.

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