Probablemente uno de los días más emocionantes en la vida de cualquier mujer es el día del nacimiento de sus hijos.

Ninguna de las dos cosas es mejor o peor, simplemente depende de lo que el bebé mande. De todos modos, habitualmente al referirnos a este día, mencionamos el parto y el trabajo de parto, pero no todo lo que sucede después. Por eso esta vez queremos dedicar unas líneas a ese momento único e irrepetible. Más allá que todos los momentos previos hayan sido difíciles, agotadores, cansadores y dolorosos, después que veas a tu bebé, todas esas sensaciones desaparecerán por arte de magia. Aunque siempre hayas tenido miedo de levantar a un bebé muy pequeñito, y aunque te parezca muy frágil, vas a querer tenerlo entre tus brazos, protegerlo y darle tu amor.

Probablemente te aconsejen ponerlo enseguida en el pecho, y por el instinto de succión, enseguida empezará a mamar, aunque todavía no tendrás leche sino calostro. Entre el primer y el segundo día, el bebé expulsará el meconio, pero no te preocupes, las siguientes deposiciones, no serán así de negras y oscuras. Los bebés muy pequeños duermen muchas horas, por lo que gran parte de ese primer día, el bebé pasará durmiendo. Te aconsejarán que lo despiertes si no lo hace sólo, después de tres o cuatro horas. Aunque tenga las extremidades frías, no es necesario abrigarlo en exceso si nace en verano. Hay familias o parejas que prefieren vivir este momento a solas, y otras rodeadas de amigos. Cualquiera sea tu postura, haz que te respeten y vive este momento único e irrepetible con él. Si el bebé tiene hermanitos también es bueno que éstos tengan un tiempo para conocer al bebé, antes que se llene de visitas. Puedes lavarle el pelo y el cuerpito con un jabón suave y agua tibia. Finalmente, disfruta sólo observándolo. Ese primer día será inolvidable.